Por Esteban Tancoff
La isla de Cuba atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. La llamada “Operación Venezuela”, que durante años garantizó el suministro de petróleo y apoyo económico desde Caracas, hoy se ha convertido en un lastre que expone la fragilidad del modelo cubano. El resultado: apagones constantes, escasez generalizada y un creciente malestar social que desafía la capacidad del gobierno para mantener el control.
Tras la caída de la Unión Soviética, Cuba perdió a su principal aliado económico. La llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela en 1999 ofreció un nuevo salvavidas: miles de barriles de petróleo diarios a cambio de médicos, asesores y apoyo político. Durante más de una década, este acuerdo permitió a La Habana sostener su economía y evitar un colapso total.
Sin embargo, la crisis venezolana —marcada por la caída de la producción petrolera, sanciones internacionales y mala gestión— redujo drásticamente los envíos. Lo que antes era un flujo constante de energía se transformó en un goteo insuficiente para cubrir las necesidades básicas de la isla.
La falta de combustible ha tenido efectos devastadores:
- Apagones masivos que paralizan industrias y afectan la vida cotidiana.
- Transporte público colapsado, con largas filas y retrasos constantes.
- Escasez de alimentos y medicinas, agravada por la imposibilidad de mantener cadenas de frío y logística.
- Descontento social creciente, con protestas espontáneas y un aumento de la migración hacia Estados Unidos y otros países.
El dilema político
El gobierno cubano enfrenta un dilema: reconocer el fracaso de su dependencia o insistir en un discurso de resistencia frente al “bloqueo” externo. Mientras tanto, la población percibe cada vez más la distancia entre la retórica oficial y la realidad de los apagones y la escasez.
La “Operación Venezuela”, que en su momento fue presentada como un ejemplo de solidaridad latinoamericana, hoy se interpreta como una trampa que dejó a Cuba sin alternativas energéticas ni económicas.
Mientras países como México o Brasil diversifican sus fuentes de energía y buscan inversiones extranjeras, Cuba permanece atrapada en un esquema de dependencia. La falta de apertura y reformas limita su capacidad de atraer capital y modernizar su infraestructura.
La crisis actual no es solo económica: es también política y social. Cuba se encuentra en un punto de inflexión donde la falta de petróleo venezolano ha desnudado las debilidades de su sistema. La “Operación Venezuela” fue un salvavidas temporal que, al agotarse, dejó a la isla en una situación aún más precaria.
El futuro dependerá de si La Habana logra reinventarse y abrirse a nuevas alianzas o si continuará aferrada a un modelo que la ha llevado, literalmente, al límite.